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Romualdo Brito / Biografia

Romualdo Brito (1953) es treintero. Significa que nació en un corregimiento de la Guajira, que, según él, no está en el mapa, llamado Treinta Tomarrazón.

“Es un corregimiento al sur de Riohacha –cuenta el compositor vallenato– donde una vez instalaron un punto de comunicación entre el interior y la Costa. Lo custodiaban 30 soldados, que eran reemplazados cada semana. Se iban para Riohacha en mula. No había carretera y la gente no sabía escribir. Así que les mandaban razones a los parientes con los 30 soldados y los campesinos de allá respondían igual. Por eso, terminó llamándose así”.

De las mil canciones que le han grabado diferentes voces vallenatas –Poncho Zuleta, Jorge Oñate o El Binomio de Oro–ninguna cuenta esta historia. Sin embargo, en 30 años, Brito ha dejado en sus composiciones huellas de momentos de su vida, del entorno de sus amigos y hasta de su pensar religioso. En el 2004, varios artistas vallenatos se reunieron para participar en el disco Los mejores le cantan a Romualdo Brito, editado por Emi Music.

Y no le gustaba el vallenato. De niño prefería las rancheras. A los 17 años, hizo la primera canción y antes de un mes, Lisandro Meza ya la había grabado: era El dios cantor, dedicada a Leandro Díaz, el autor de Matilde Lina.

“Lisandro y mi papá eran primos y parrandeaban juntos –recuerda Brito–. En esa época los compositores hacían “cantores” de todos lados (El cantor de Valencia, El cantor de Fonseca, etc) y me dije: “No voy a hacer eso, voy a hacerle una canción al tío Leandro para indicar que es el “dios” de los cantores. Desde ahí, me grabaron todas las locuras que se me han ocurrido”.

¿Locuras?

“Sí, como El santo cachón (grabada por Los Embajadores Vallenatos en los 90). Que no pensé que fuera a gustarle a nadie. Yo tenía pena con los amigos. Me llamaban a la casa. Me insultaban. Las mujeres estaban ofendidas por el mensaje. Después, se fue olvidando. Afortunadamente el éxito pasó rápido. No hubiera querido que esa canción pegara”.

Mil canciones son mil anécdotas. Amor apasionado era para Jorge Oñate, rechazada por él y convertida en éxito por Los Hermanos Zuleta. Llegó tu marido era para El Binomio de Oro, que no la grabó y fue hit de Oñate. Cabecita loca, grabada por Poncho fue pensada inicialmente para el grupo de Israel Romero. Compuso Esposa mía, grabada por Otto Serge y Rafael Ricardo, un mes después de haberse casado. “Gracias a Dios fue un éxito –afirma–. Sirvió para que mucho enamorado se reconciliara con su pareja”. Le sirvió también a él, su esposa sigue a su lado y tienen tres hijos, la menor, de 8 años, lleva el nombre de la tierra que tanto ama: Alma Guajira.

A Brito le han robado canciones. En sus comienzos, hubo intérpretes que se apropiaban de sus inspiraciones: “Me ponía furioso, pataleaba y todo –dice–. Pero ellos arreglaban con mi papá. Como la mayoría de edad era a los 21 años, mi papá me firmaba las canciones y me representaba. Pero él arreglaba todo en las parrandas y de nada me valía protestar”.

Sin embargo, Brito no se conformó. Aprendió sobre derechos autorales. Ha sido directivo de Sayco (Sociedad de Autores y Compositores de Colombia), asociación de la que fue presidente.

“Antes, ser compositor era algo importante, te veían como si Dios te hubiera dado una virtud más. Ahora, cualquiera es autor en Colombia. Se roba un pedazo de melodía de acá, y otro de allá. Para que algo sea plagio, la ley establece que debe coincidir en ocho compases, así que se roban seis del uno y seis del otro y sacan la canción tranquilos”, agrega.

A este músico que ahora vive en Valledupar, le quedan más de 400 canciones sin grabar. Sin embargo hay una que canta en las parrandas y, aunque el público la pide, no la deja grabar. “Se llama Jesucristo no probó –explica–-. No la grabo por respeto y temor a Dios. Siempre me pregunto por qué la hice y no he encontrado explicación. Me despido con un pedacito:

“Jesucristo no probó/ Ay no señor, El no pecó. Ay, no no no / El no pecó/ Porque si hubiera probado, deja muchos herederos/ De eso estoy seguro yo / que he probado tantas veces de eso que llaman pecado / Que no sé que sea más malo, si pecar o no pecar / Y si “Chucho” llegaba a probar, también estaría pecando/ Por eso me pregunto / ¿Son enfermos de mi Dios? / Que por qué ha de ser pecado eso de hacer el amor/ Si mis padres no lo hacen aquí no estuviera yo/ Ni tampoco los que hoy viven rezándole al creador (…)”.

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