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Kaleth Morales una estrella inapagable

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Con Vivo en el Limbo, canción que fue coreada por toda Colombia a inicios del 2004, comenzó el éxito de quien fue bautizado, hijo del afamado cantante Miguel Morales.

Pero su prometedora carrera fue fugaz y un día como hoy, en 2005, a las 2:45 p.m. sufrió un accidente de tránsito, tras volcarse la camioneta en la que viajaba junto a su hermano menor Keyner, en la vía entre Plato (Magdalena) y Bosconia (Cesar).

A las 8:15 a.m. del 24 de agosto centenares de seguidores en todo el país lo lloraban. La noticia fue triste, el fenómeno musical del momento partía de este mundo a los 21 años dejando muchos éxitos, algunos grabados y otros inéditos. Diez años después de su muerte, su música no está en el limbo, sino que retumba en cada uno de los hogares de los kalethistas, quienes han armado clubes de fans en toda la Región Caribe y en los santanderes, Antioquia y Cundinamarca.

Estudiosos del vallenato como Jaime Pérez Parodi, quien fue presentador estrella de Diomedes Díaz y locutor de Radio Guatapurí en Valledupar, explica que Kaleth rompió todos los esquemas y lo describe como un músico futurista.

“Fue un cantante que se le adelantó a todos los que eran contemporáneos a él, siempre miraba más allá de sus narices, se visualizaba en el extranjero y si estuviera vivo andaría por todos los continentes al mismo nivel que Silvestre Dangond. Primero fue muy criticado por los ortodoxos, pero luego lo aceptaron porque se dieron cuenta que no degradó el vallenato, sino que creó un estilo propio denominado ‘Nueva Ola’”, explica Pérez Parodi, quien agrega que “a Kaleth hay que estudiarlo muy bien, yo lo ubico en un vallenato demasiado moderno. Fue muy atrevido, luchó contra la corriente, hasta con su propio padre y puedo decir sin temores que fue un prodigio de nuestro folclor”.

El investigador y escritor de música vallenata William Rosado Rincones se refiere al carisma de este cantante y se atreve a decir que en estos diez años a raíz de su partida, la ‘Nueva Ola’ perdió fuerza. “Sería en 2003 cuando graba El guante, la cual pega en toda Valledupar, cuando genera un gran impacto y se llena de requisitos para dedicarse a la música, creando su movimiento. Infortunadamente no alcanzó a recoger los frutos que su mente había creado; pero con sus producciones y las composiciones que le entregó a los demás, demostró que le podía competir a los clásicos del vallenato”.

Rosado también agrega que “con su muerte el movimiento perdió la hegemonía y quedan algunos matriculados, pero no tienen el mismo carisma. Si Kaleth estuviera vivo, difícilmente hubieran surgido Silvestre, Martín Elías o el Mono Zabaleta, porque traía una fuerza impresionante”.

El inicio de la revolución

Su padre Miguel Morales asegura que fue quien más se opuso para que se convirtiera en músico, pero a raíz de la chispa que tenía el mayor de sus hijos, no le quedó más remedio que ceder. “A los 12 años me pidió que lo llevara a una grabación y lo complací, cantó conmigo Mi Forma de Amar, a mí no me gustó porque parecía un villancico, pero al gerente de Codiscos le gustó la idea y dijo que esa canción sí iba, porque le gustaba su registro y hasta le tomaron una foto para la carátula del LP Auténtico”, declara Morales, quien asegura que su sueño era verlo convertido en médico, por lo que lo envió a estudiar a Cartagena.

Kaleth le empezó a dar rienda suelta a su verdadera pasión y grabó a escondidas Vivo en el limbo, la cual llegó a oídos de su progenitor de una manera muy graciosa. “Yo venía de una gira por EE. UU. y le caí de sorpresa en Cartagena, cuando me subo al taxi, escucho: ‘Te veo  y me siento como aquel que está muriendo de la dicha’, le dije al man que quitara esa vaina que eso no era vallenato ni un carajo y bueno puso otras dos emisoras y sonaba el mismo tema, así que le pregunté quién cantaba y solté una carcajada cuando me contó que era un hijo del maestro Miguel Morales”, recuerda el exintegrante de Los Diablitos, quien afirma que apenas se encontró con su hijo, lo regañó. “Le recriminé fuerte porque estaba poniendo en juego mi trayectoria y se me salió por la tangente al decirme que él no iba a cantar como yo, ni tampoco a dedicarle todas las canciones a Nevis (su mamá), que traía un estilo propio y que iba a partir la historia del vallenato en dos y parece que estuviera lanzando una premonición, porque lo logró”.

Su excompañero de fórmula Juan K Ricardo habló sobre la manera cómo crearon pases diferentes a los que diseñaron juglares como Emiliano Zuleta Baquero o Alejo Durán. “Kaleth dirigía todo, siempre nos exigía al máximo, yo me sentía que iba tras los pasos de una estrella de rock, porque era muy propositivo. Me aportaba mucho porque era un músico en todo el sentido de la palabra, recuerdo que cuando grabamos el CD La hora de la verdad, le mostraba mis pases y cambiaba mucho la melodía, me pedía que fueran picaditos (rápidos) para que la gente los bailara, le gustaba brincarlos y esa era la clave, para que el pase fuera aprobado había que ponerlo a saltar como un paco paco”.

El acordeonero asegura que el éxito fue rápido y se convirtió en testigo directo de sus logros. Alcanzaron con Sony BMG Disco de Platino con La hora de la verdad y a finales del 2004 se presentaron en el concierto organizado por La Mega en Bogotá, tocando ante más de 40.000 espectadores. “Ese día fuimos consciente de lo que estábamos haciendo, los periódicos más importantes del país nos pusieron de portada y también fuimos motivo de críticas porque estábamos partiendo la historia del vallenato en dos. Los críticos decían que  desprestigiábamos el folclor, pero de a poco nos ganamos el respaldo”, porque nos convertimos en un fenómeno sin control”.

Los K mantienen su legado

Kanner y Keyner, los hermanos del Rey de la ‘Nueva Ola’, acaban de lanzar Invencibles, álbum que mantiene la nota alegre y juvenil de Kaleth. En este trabajo viene un tema que dejó escrito el intérprete de Siete Palabras. “La canción se titula En algún lugar del alma, la encontramos en un CD que dejó grabado en guitarra, esa letra se la dio a Iván Villazón, pero no fue grabada y con ella queremos homenajearlo, porque Kaleth vive en algún lugar del alma de los colombianos, ya que siempre lo recuerdan y tienen un sentimiento bonito por él”, señala Keyner, quien duró 15 días en coma tras el accidente en el que falleció Kaleth.

Kanner asegura que en este décimo aniversario es cuando más le pesa su ausencia. “Hace poco tuve un sueño con él, estábamos en tarima y el único espectador era él, estaba sentado con los pies puestos encima de una silla viéndonos y tenía una enorme sonrisa, no se cansaba de aplaudir, así que creo que en el cielo se siente orgulloso de nosotros porque estamos luchando por mantener su imagen viva”.

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