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El vallenato actual y su falta de protagonismo

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Para los que nos gusta el vallenato tradicional indiscutiblemente, lo que se escucha hoy como música vallenata, no es música vallenata. Es música ejecutada en acordeón pero que está muy lejos de los principios que exige este género musical. Sus cantos se alejaron de la narrativa, la prosa, lo bello que encierra la poesía, su cadencia y melodía.

García Márquez como periodista de El Heraldo en su columna ‘Jirafa’ escribía cuando expresaba su profunda admiración por el maestro Escalona: “No hay una sola letra en el vallenato que no corresponda a un episodio de la vida real, a una experiencia del autor. Un juglar del río Cesar no canta porque sí, ni cuando se le viene en gana, sino cuando siente el apremio de hacerlo, después de haber sido estimulado por un hecho real”. Gabo ya en 1950 tuvo el atrevimiento visionario de identificar a Escalona como un alto poeta y de agradecerle su diaria tarea de belleza.

Razón tenía el nobel en escudriñar con su trabajo de campo y encontrar en la provincia los elementos que años más tarde se constituirían en Cien Años de Soledad. Un vallenato de 350 páginas.

Y no estamos equivocados en que ese vallenato descrito brillantemente por García Márquez en su novela no es el vallenato que escuchamos actualmente. Una música ramplona, hecha sin gracia e inmediatista, diferente a esa música imaginada por campesinos elementales, pastores analfabetas y gentes de un sencillo vivir, que relataba episodios fantásticos con un tono impasible de certeza.

Resalta el papel de Francisco el Hombre, un legendario acordeonero que naciera en La Guajira que con su acordeón terciado al pecho, que trasegaba por todos los pueblos de la provincia relatando noticias ocurridas, de modo que si alguien mandaba un recado o un acontecimiento que divulgar, pagaban para que lo incluyera en su repertorio.

Sin lugar a dudas existe un parangón en el ejercicio de Francisco y el quehacer de cronista y reportero cuando el periodismo ocupaba toda su atención: “lo importante es que hace muchos años que yo vengo con la nostalgia del periodismo, que es un oficio que siempre considero que fue mi oficio original y que ha sido muy útil para mí en la literatura porque gracias a él yo puedo divagar, fantasear, hacer todo lo que quiero, pero siempre mantengo los pies sobre la tierra”.

Esa misma labor que caracterizó a Francisco el Hombre de comunicador social, sirvió para que en la provincia afloraran acordeoneros que se encargaban de divulgar mensajes hablados y escritos oficiando de “correos”: Abraham Maestre, Fermín Pitre, Eusebio “Chebo” Ayala, el rey del merengue, quien trajera a las regiones del Valle el son y llevara el merengue por las montañas de Plato, Pacho Rada, Juan Muñoz que inundara de sones vallenatos la Zona Bananera igual que Chico Bolaños con su canción “Mi Mujer se volvió loca”. Todos ellos se enfrentaron al diablo con la misma caja armónica que emitía sonidos extraños pero agradables al oído, los que promulgaron por los confines de la ciénaga las notas que escuchara Úrsula cuando se enteró de la muerte de su madre por casualidad. Fueron ellos los descendientes de Francisco Moscote los que expandieran historias de brujas y hechicerías, los cantos de vaquería, los que hicieron perder los estribos a más de una con versos y notas cadenciosas. Los que lograron sacar del ostracismo la tierra del olvido, en ese mundo donde la pluricularidad dio origen al realismo mágico, un espacio lleno de leyendas y tradiciones, colores y paisajes que permitieron retro alimentarse por mucho tiempo y generar una cultura única en el universo del caribe.

Con ese acordeón proletario como Gabo lo llamara, los cantos silbados del maestro Escalona, las notas cadenciosas y hermosas letras de Emiliano Zuleta, Toño Salas, Lorenzo Morales, Leandro Díaz, Tobías Enrique Pumarejo y muchísimos más y gracias a la tenacidad y el afán de conocer su mundo interior permitieron que el Nobel y el medico Manuel Zapata Olivella a mediados del siglo pasado bautizaran la música de acordeón como música vallenata, y fuera Gabo como lo expresa Jacques Gilard lo optara como símbolo de la costeñidad. Ellos en lo cotidiano encontraron la universalidad.

La música tradicional vallenata fue protagonista de grandes sucesos, dejando ‘testimonios’ como el canto que sacara Chico Bolaños a la guerra que librara Colombia contra el Perú, el merengue “Sánchez Cerro”. La utilización de los medios de comunicación para mostrar la provincia y buscar el posicionamiento de nuestra música como lo hiciera Buitrago, Abel Antonio Villa, el maestro Escalona con Carlitos Noriega en la HJCK en el año 52 para promocionar la “Casa en el aire” en entrevista con Gloria Valencia de Castaño. Las fiestas en Palacio con los expresidentes Rojas Pinilla, Guillermo León Valencia quien le obsequiara la famosa garra del águila que cuando niño matara en Popayán, Alfonso López el viejo y el joven, Cesar Gaviria, donde la música vallenata jugó un papel importantísimo para el desarrollo de la región. Escalona expresaba de manera jocosa que el acordeón de Nicolás Elías “Colacho” Mendoza y él consiguieron a punta de acordeón y whisky caballito blanco que aprobaran el nuevo departamento del Cesar. Que tal las largas jornadas en política donde participaron activamente con frases publicitarias y cantos como “López es el pollo López es el gallo/ el presidente que Colombia necesita” que fueron fundamentales para su elección.

El vallenato ha perdido protagonismo donde el factor comercial ha sido factor determinante para su deterioro. Las casas disquera, los manejadores, productores y músicos se han entregado a cambio de falsas monedas de oro, desconociendo el trabajo que hicieron nuestros juglares. Sus cantos desabríos e insignificantes solo sirven para engrosar los bolsillos de unos cuantos avivatos que se lucran sin el mínimo recato y ellos, con el pelo untado de gomina y una pila de aduladores destrozan nuestra música tradicional vallenata.

El vallenato actual es puro glu, glu, y produce la misma sensación cuando bajamos el sanitario y queda el hedor de algo que nos hace salir corriendo del baño. La coca- cola, la gringa, la yuca y la tajá son ejemplos claros de la falta de compromiso y seriedad que exige nuestra música. Eso no es lo que quiere la gente eso es lo que imponen los medios y las casas disqueras para obtener grandes ganancias a costillas nuestras.

Este 1er congreso internacional de Festivales de música Vallenata debe comprometerse con la conservación y difusión de la música tradicional Vallenata, que los Festivales tengan la obligación de reafirmar este ejercicio con talleres de formación para gestores, músicos y jurados para garantizar este objetivo. Tenemos que romper con la mecanización o el “formato” que se han inventado los participantes (músicos) a dichos festivales poniendo en alto riesgo la creatividad. Debemos fortalecer las redes de los festivales de música vallenata bajo estos objetivos, donde existan las mismas reglas, donde los cuatro aires de la música vallenata sean protegidos para evitar su deterioro. No se justifica hacer eventos como ruedas sueltas para favorecer determinados interese. Hay que cancelar el protagonismo que suelen tener algunos gestores culturales para evitar que nuestro hermoso folclor se vaya al traste. Y para nuestras estrellas, entre comillas, que se pongan el overol al servicio de la causa de la música tradicional vallenata o seguirán contribuyendo al despelote que tienen armado.

Estamos en capacidad de producir música vallenata comercial como lo hace Carlos Vives, Jorge Celedón, Chabuco, que montan esquemas donde los elementos de la música tradicional prevalecen ante las fusiones que se pueden dar garantizando la solidez de nuestros aires tradicionales.

Por Efraín Quintero Araujo

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